domingo, 11 de febrero de 2018

Quien no corre huele

Hacía tanto frío que el río de la ciudad se había congelado por completo, así que Mario y sus amigos decidieron ir a patinar sobre hielo. El muchacho, que no tenía mucha práctica en eso de patinar, hizo mal un giro y se cayó de boca contra el hielo, haciéndose una brecha en la barbilla. El golpe fue tan fuerte, que el hielo contra el que se dio se rompió, y del agujero que creó, apareció la mano de un mendigo que seguramente habría muerto ahogado (algo bastante común en la ciudad). Mario sobresaltado se levantó, pero el movimiento fue algo brusco, así que acabo recibiendo un arañazo en el brazo por parte del cadáver del vagabundo. Los amigos, que habían sido testigos del accidente cogieron a Mario y se lo llevaron corriendo al hospital para que lo viese algún médico. Allí le tuvieron que dar puntos en la barbilla, vendar el brazo y poner unas cuantas vacunas por precaución (al parecer no es muy sano hacerte una herida con un cadáver).
Al salir del hospital la pandilla decidió irse a tomar algo, pero Mario, que no se encontraba muy bien después de tanta inyección, rechazó el plan y se fue a casa a descansar.
Mario no había abierto la puerta de casa y ya sabía que no le iba a ser fácil descansar, pues era miércoles por la mañana, y todos los miércoles sus vecinos de al lado, una pareja de unos cuarenta años, preparaban una orgía con música y comida y el ruido llegaba hasta el piso de Mario (alguna vez le habían invitado, pero el muchacho siempre andaba ocupado a esa hora y nunca había podido asistir). Aun así, Mario se intentó dormir un rato en el sofá, pero a la media hora de dar vueltas, decidió llamarles la atención, necesitaba descansar y así no se podía, por lo que llamó al timbre de los vecinos y apareció Carla, la anfitriona, vestida con una falda de cuero y con un sujetador de “Hello Kitty”. Mario empezó a quejarse de la música, pero al final lo liaron y acabo participando en la orgía. Cuando el muchacho ya no podía hacer nada más, decidió irse a la zona de la comida a reponer un poco las fuerzas, pero al segundo mordisco empezó a sentir mucho dolor en la barriga, por lo que decidió volverse al hospital para comprobar que no era ningún efecto secundario de las vacunas.
A medio camino del hospital Mario empezó a sentir que le venia un apretón, así que empezó a correr para llegar al hospital a tiempo y no cagarse encima. Cuando llevaba un minuto corriendo se encontró con unas vallas y mucha gente colocándose alrededor de estas, pero no podía rodearlas, si lo hacía no llegaría al hospital a tiempo, así que las saltó y siguió corriendo. Tan concentrado estaba en apretar el culo, que no escuchó el disparo que marcaba la salida, ni vio a todos aquellos corredores que iba dejando atrás, solo vio la cinta negra que rompió al atravesar la meta el primero. Entonces vio a la gente aplaudiendo y gritando a su alrededor y se paró en seco para entender lo que estaba pasando, pero esto hizo que dejase de prestar atención a su cuerpo y que se cagase encima.
Esta es la historia de como Mario ganó una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de invierno. 

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