lunes, 4 de septiembre de 2017

La sortija del demonio (parte 1)

Ramiro entró en aquella tienda de segunda mano destartalada del centro, le gustaba imaginarse de donde vendrían todos aquellos objetos, su historia. Se paseó por el establecimiento durante media hora, revisándolo todo con mucho detalle, hasta que encontró lo que estaba buscando, el anillo perfecto para Jacinta, el amor de su vida. Se acercó al mostrador con la joya para preguntar el precio, pero cuando el dependiente vio aquel objeto su rostro empalideció y le dijo al hombre que no se lo podía llevar, que no sabía como había llegado eso ahí, pero que no estaba a la venta. Ramiro insistió, nada más ver la sortija se había encaprichado, pues era ideal para pedir la mano de su novia, e incluso le llegó a ofrecer el doble de su precio original, pero el dependiente seguía en sus trece, el objeto no estaba a la venta y no había nada que hacer. Pero Ramiro se lo iba a llevar por las buenas o por las malas, así que cogió un colgante de plata que se encontraba al lado del anillo y le atizó al dependiente con el, con tan mala suerte que le dio en un ojo. El pobre trabajador se echo al suelo gimiendo de dolor y Ramiro se escabulló con el anillo aprovechando la ocasión.
Al día siguiente llevo a Jacinta a cenar al mejor McDonalds de la zona, y cuando se acabaron los Mcflurrys, se arrodilló en el suelo (si eso no es amor que baje dios y lo vea, con la mierda que tienen esos sitios) y le pidió que se casara con el. Jacinta empezó a llorar de la emoción y dijo que si con la cabeza, pues no era capaz de articular palabra. Ramiro cogió su mano e introdujo el anillo en el dedo de su enamorada, que al instante se desmayó.
Durante todo un año Ramiro estuvo visitando a los mejores médicos del mundo pero ninguno sabía que le pasaba a su prometida, así que solo le quedaba una opción, ir a ver al dependiente de la tienda donde encontró la joya. Pero como sabía que si iba normal se metería en un buen lío por lo que le hizo, decidió disfrazarse. Se tiñó el pelo de rubio, se puso gafas y se dejo barba, seguro que así el chico no le reconocería, total, solo tenía un ojo bueno, malo sería.
Se acercó al mostrador con paso lento y le contó la historia que tanto había ensayado, al chico, que seguía igual que la otra vez, salvo por un parche negro que le tapaba el ojo izquierdo.
-Perdona muchacho, sabes si por casualidad vosotros alguna vez habeis tenido en la tienda un anillo de oro blanco con un corazon de diamantes?- Preguntó con falso acento mexicano.
El dependiente, blanco como la leche movió la cabeza para decir que no, mientras se frotaba nerviosamente las manos.
- ¿Seguro?- volvió a preguntar Ramiro. - Es que un tipo me lo vendió diciendo que era de segund mano, y al ponérselo a mi prometida, esta se desmayó, y no hay manera de despertarla, así que voy por todas las tiendas de segunda mano para recaudar información sobre la sortija.
-Señor, siento mucho lo de su novia, pero si el anillo del que me esta hablando es lo que creo que es, ya no hay vuelta atrás, ella ya no volverá, su alma pertenece ahora al diablo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Quien no corre huele

Hacía tanto frío que el río de la ciudad se había congelado por completo, así que Mario y sus amigos decidieron ir a patinar sobre hielo. El...