miércoles, 6 de septiembre de 2017

La curiosidad mató al gato

Cada día el príncipe Guillermo iba hasta una cascada que había al norte de la ciudad, desde allí veía a aquella chica rubia, Raquel, que se sentaba todos los días a la misma hora en el alféizar de la ventana a cepillarse su larga cabellera. Siempre pensaba en acercarse a saludar a la chica, pero era muy tímido, así que al final siempre se rajaba. Pero un día, ya muerto de curiosidad por saber como podía estar aquella muchacha ahí, si no había ninguna puerta para entrar a la torre, se acercó a hablar con la muchacha.
-Hola mi bella dama- exclamó el príncipe.
-¡Coño! Vaya sobresalto me habéis propinado, mi alteza- dijo Raquel.
-Disculpadme vos, si os habéis cagado en las calzas por mi falta de delicadeza, mas hay algo que es menester que conozca antes de que la peste o cualquier otro castigo divino me lleve ¿Como sois capaz de entrar en tan alta torre si no hay puerta alguna?- preguntó Guillermo.
- Oh mi querido príncipe, es fácil de entender, hago uso de un artilugio que me legó mi anciano padre en su lecho de muerte. El lo llamó jetpack, mas yo lo conozco como bolsa mágica voladora, permitidme que os haga una demostración de su funcionamiento.- explicó la muchacha mientras se ponía el jetpack y sobrevolaba la zona.
-Gran invento, si señor. ¿Sería posible que me dejárais probarlo, para subir con vos a vuestra alcoba?- imploró el príncipe
-No mi señor, pues aunque os tengo en alta estima, bien es sabido que sois muy torpe y capaces seríais de mataros, o lo que es peor, romperme el chisme. Mas si tan cachondote estáis, tranquilo, pues ahora dejaré caer mi larga melena para que trepéis la torre con su ayuda.- dijo ella dejando caer su cabello de oro.
El príncipe se agarró a el y empezó a trepar por la torre, pero estiró tanto, que el pelo de la muchacha se partió.
-¡Pardiez, mis extensiones!- exclamó la muchacha, que cogió el jetpack, bajó a donde estaba el príncipe y empezó a arañarle con sus uñas de porcelana mientras le gritaba- ¿Vos sabéis cuanto me cobró el chino por ponerme las extensiones?
Cuando se cansó, Raquel subió a su torre y le pidió a Guillermo que no volviese a acercarse por allí, cosa que cumplió a rajatabla, aunque no por voluntad propia, sinó por una infección que cogió debido a que la muchacha se había hecho la manicura en el almacén de una tienda de mascotas, y a saber lo que había en aquellas uñas.

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