domingo, 17 de septiembre de 2017

El apretón

Jack estaba viendo como le daban una hostia a su primo Jerry, por fin había llegado el día de su primera comunión (y de la última, pues el niño no creía en Dios, solo cedió por los regalos). En ese momento sintió un fuerte retortijón, seguramente generado por el kiwi que se había comido en el desayuno. Tenía que encontrar un sitio donde poder cagar tranquilamente, pero no podía irse así como así de la ceremonia, pues su madre le daría tal leche que cambiaría el eje terrestre, acabando así con la vida en el planeta tal y como la conocemos (era una mujer creyente algo exagerada y pensaba que si su hijo no estaba presente en la la ceremonia la vida no tenía sentido). Estuvo barajando varias posibilidades, como cagarse encima o cagar en la pila bautismal, pero a saber que diabólicas consecuencias tendría mancillar el agua bendita, así que al final decidió defecar en el confesionario, donde escuchó algo que no se esperaba para nada.
Estaba apretando en el confesionario cuando llegó un hombre y pensando que el que estaba dentro era un cura le empezó a contar su vida. Al parecer había crecido en una familia de acogida, en la que abusaban de él constantemente, esto hizo que empezase a maltratar a sus muñecos de peluche, pero eso no acabo ahí. Luego empezó a pegar a los muñecos de otras personas, sin importar que no fuesen de su propiedad, así a lo bestia. Tras una espiral de caos en la que se levantaba todos los días lleno de espuma de relleno, comprendió que lo que hacía estaba mal, así que dejó aquella vida y se metió en una secta que se dedicaba a robar a ancianitas para dárselo a sus mascotas, a las que luego robaban y se lo daban a unos niños huérfanos. Cuando se cansó de eso, se casó con la primera mujer que vio, que resultó ser adoradora de Satán, así que ese verano se fueron juntos a seguir su gira (si no habéis visto nunca a Satán en directo, deberíais, es todo un espectáculo, aunque claro, el precio es algo caro, no todo el mundo puede permitirse sacrificar una virgen todos los meses). Esos conciertos lo llevaron a un mundo de muerte y destrucción, pero todo eso acabo cuando descubrió como hacer cupcakes de morcilla con chocolate y cacahuetes. 
Jack escuchó todo eso boquiabierto (excepto cuando tenía que apretar un poco, que entonces si cerraba la boca), deseando acabar pronto para poder salir y ver quien era, pero los tacos mexicanos de la cena del día anterior no permitieron que durase menos de media hora, así que cuando pudo salir del confesionario aquel hombre ya se había ido. La ceremonia había acabado hacia dos minutos y todo el mundo estaba de pie felicitando al niño vestido de marinerito, pero Jack solo repasaba a todos los hombres allí presentes preguntándose quien sería el que había llevado esa loca vida. 

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