viernes, 18 de agosto de 2017

El secreto del laberinto (Parte 2 y final)

Cuando Maya cruzó la puerta, vio un camino de tierra entre dos paredes de piedra muy altas, que casi no dejaban entrar la luz. Antes de emprender su camino pensó en alguna forma para encontrar el sendero de vuelta en caso de que se perdiera. Decidió ir arrastrando el mango del tridente para dejar así una marca que la llevase al punto de salida. Después de un cuarto de hora atravesando el laberinto se encontró con su primera encrucijada, delante de ella había un camino que giraba hacia la izquierda y otro que seguía recto. Como no tenía ni idea de por donde ir, pensó que lo más acertado sería echarlo a cara o cruz para que decidiese el universo (era un poco mística, la chiquilla). Lanzó una moneda y salió cara, así que tomó el camino de la izquierda y estuvo andando durante unos cinco minutos, hasta que apareció un gran obstáculo en el camino, una planta carnívora. Maya, que tenía mucha experiencia en el "Super Mario Bros 2", sabía que solo tenía tres opciones, esperar a que la planta se volviese a meter en la tubería, buscar a Yoshi para que este se comiese la planta y poder pasar tranquilamente, o utilizar una flor de fuego para destruir la planta. La chica no vio ninguna tubería, así que descartó la primera opción, al igual que la segunda, ya que no sabía donde iba a encontrar a Yoshi en aquel laberinto, así que optó por la tercera opción, utilizar fuego. El principal problema era que la única fuente de fuego que tenía en su poder la muchacha, era un mechero, y no creía que eso fuese suficiente como para neutralizar la planta, además si se acercaba un poco más a ese vegetal, seguramente le arrancaría la cabeza de un mordisco. Pero Maya, adicta a youtube y a la fabada (combinación mortal), tras muchas horas delante del ordenador, comprendió que solo había una manera de poder continuar, así que se puso de espaldas a la planta, se inclinó un poco y acercó el mechero a su trasero. El gas, resultado de dos platos de alubias, se unió al fuego del mechero creando así un lanzallamas (digno del cualquier Charizard), que fulminó a la planta en dos segundos.               Nuestra protagonista siguió andando por el laberinto durante horas, hasta que paró para descansar los pies y comer algo. Estaba acabando de comerse una manzana, cuando apareció un arco iris, a pocos metros de ella, del que bajaba canturreando un ser de pequeño tamaño, con una barba rojiza y un traje verde manzana.               
 -Hola, soy el duende irlandés Esmeraldo y necesito comer algo.-dijo el pequeño ser.                    
 -¿Y en que puedo ayudarte?¿Que comes?- preguntó Maya                      
 -Para poder alimentarme, tu sangre he de tragarme.- aclaró el duendecillo                      
La muchacha dio un paso atrás, sintiendo una extrema repugnancia por aquel ser, pues este hablaba rimando y eso era algo que Maya siempre había odiado. Lo de la sangre también le echaba un poquito para atrás, pero quien era ella para juzgar los hábitos alimentarios de aquella criatura?                      
El duende se acercó lentamente a ella, pero cuando estaba a punto de hincarle el diente en la pierna, la muchacha reaccionó y le dio un puntapié que lo devolvió al arco iris del que había aparecido, y se esfumaron ambos de golpe.                      
Maya siguió con su caminó, pero se estaba haciendo de noche así, que sacó la linterna y continuó media hora más, hasta que encontró un pequeño hueco en el muro donde pudo dormir sin que la molestara nadie.                      
Cuando se despertó ya era de día, así que prosiguió con su camino. De repente, escuchó un rugido delante de ella y fue corriendo a ver que pasaba. Salió del estrecho camino y llego a una pequeña plaza, y justo en el centro, encima de un pequeño altar, había una cajita dorada. Escuchó otra vez el estruendo y giró la cabeza a la derecha. Fue entonces cuando vio un cíclope feísimo, del tamaño de una casa, armado con un garrote y que la miraba fijamente. Este se dispuso a golpearla con su arma, pero justo en el último momento, la muchacha alzó el tridente y paró el golpe. La criatura se enfureció y se dispuso a darle una patada con todas sus fuerzas, pero su gran tamaño impedía que se pudiese mover con rapidez, por lo que Maya pudo esquivar el golpe y atacarlo con el tridente, que se clavó en la rodilla del gigante, de la que empezó a brotar un líquido rojizo.                      
Después de muchos intentos por parte del monstruo de golpear a la chica y de que esta le clavase el tridente en cada uno de ellos, el cíclope acabo inconsciente en el suelo. Fue entonces, cuando Maya pudo ver al fondo de la plaza unas jaulas. En una había cuatro esqueletos, y en la otra se encontraba un señor desmayado y una oveja. Maya corrió hasta la jaula y la forzó con la palanca, luego se arrodilló junto al hombre, y al ver que respiraba, sacó la cantimplora y le dio a beber un poco de agua. El señor empezó a toser y se intentó incorporar, levantó la cabeza y vio a la muchacha, que se presentó, acto seguido, el hombre le dio un abrazo y le contó su historia. Al parecer este señor era el padre de la muchacha, que ansioso por hacerse con la salsa szechuan, se había adentrado en el laberinto y había caído presa del cíclope. Este lo había encarcelado, junto con otros exploradores y la oveja, y se los iba comiendo poco a poco. De no haber sido por Maya, en unos días hubiese muerto, pues ya no quedaba nadie más.                      
Al escuchar la historia, la muchacha se emocionó, por fin había conseguido conocer a su padre, ahora podrían volver a casa y ser felices, pero antes debían hacerse con la salsa, ya que para ello habían emprendido esta aventura. Según el padre de la chica, la leyenda era falsa, y en la caja no había ninguna llave, sino un puñal que permitiría abrir el cuerpo del monstruo para arrebatarle la sangre, que era en realidad, la salsa tan codiciada.                      
 Después de esta ardua tarea, gracias a la cual, consiguieron tres litros de esta magnifica salsa, volvieron a casa, y se llevaron a la oveja, pues el padre de la chica no la quería dejar atrás, su cautiverio había sido muy duro y "Lanita" había sido su única amiga.                      
 Al llegar a casa, Maya corrió a buscar a su madre para darle la extraordinaria noticia, su padre había vuelto, pero cuando la señora vio al hombre que había traído a casa dio un paso atrás. Aquel no era el padre de Maya.

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