lunes, 28 de agosto de 2017

El oeste (parte 1)

En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos, lugares en los que reinaba el caos y la confusión, en los que no brotaba nada más que maldad, pero Hugo tendría que adentrarse allí para salvar lo que más quería en este mundo, su PlayStation 4.
El día anterior Hugo estaba en su casa jugando a Rayman en su videoconsola cunado le entró un poco de hambre, paró la partida y fue a ver que había en la nevera. Estuvo dos minutos mirando, pero no se decidía entre hacerse un bocadillo de chorizo o tomarse un colacao con aquellas galletas de dinosaurios tan ricas. Al final optó por el bocadillo, porque sabía que si comía de esas galletas se iba a entretener y no iba a acabar la partida, pues le encantaban los dinosaurios y se podía pasar horas recreando lo que el creía que había sido la extinción de estas criaturas. Volvió al salón para seguir jugando con su Play, pero esta no estaba, solo había una nota que decía lo siguiente:

“Te hemos robado la Play y nos la llevamos al oeste, pringao. Si tienes lo que hay que tener ven a recuperarla, procura no morir en el intento.

                                                                               Atentamente, los ladrones

P.D.: También hemos matado a tu amigo, el rubio, el hijo de la Mari, la de la librería de la esquina. ¿Como que no sabes quien es? Si hombre, que su hermana salió con el Kevin, el hijo de la Dolores... ¿Ya te suena? ¿Como que no lo conocías? Bueno, pues ahora ya lo hemos matado, no se puede hacer nada, olvídalo, lo importante es que tenemos tu Play muajajaja.”

Hugo dio una patada llena de ira al sofá, se preguntaba como podía haber gente así de cruel, capaz de robar una videoconsola inocente, solo por el hecho de hacer daño (lo del chico muerto no le importó demasiado, no lo conocía y no sabía porque los ladrones lo habían relacionado con el, pero vamos, tampoco le quitaba mucho el sueño). Si quería recuperarla, tendría que ir al oeste, así que fue a preparar provisiones para el viaje, comida, bebida, un libro por si se aburría, papel higiénico (importantísimo, no puedes luchar contra unos malhechores con el culo sucio, pierdes toda tu credibilidad), el móvil, cargador portátil y la vieja katana de su abuelo, con la que mató a trescientas personas. No, no estuvo en ninguna guerra, solo se le fue la pinza y empezó a matar gente por el pueblo. La policía tardó dos días en capturarlo, una desgracia vamos, pero seguro que a Hugo le ayudaría a sobrevivir en aquel territorio inhóspito.

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