martes, 29 de agosto de 2017

Canción de fuego y trueno (parte 3)

Charminder había fallado a la hora de matar a su madre, pero seguía con la intención de acabar de una vez por todas con los Illuminati, pero para ello necesitaba un plan y refuerzos, así que montó la organización “Cucamonga”, con base secreta en Seattle (aunque si lo digo no es tan secreta... Bueno, no se sabe donde estaba la base, en Seattle seguro que no, no busquéis por allí que no está). Ahora necesitaba encontrar gente que se uniese a su causa, pero no era fácil, porque la mayoría de la gente que conocía Charminder eran clientes de su madre, Minnie la prostituta, y nadie estaba dispuesto a desafiarla, así que el ratoncito tuvo que salir de la ciudad para buscar miembros para “Cucamonga” (cuya base, repito, no está en Seattle). 
En el camino se encontró a un grupo de equinos que estaban de fiesta, Charminder no sabía si se trataba de unicornios o yeguas de despedida de soltera, pero intentó persuadirlas para que se unieran. Les explicó toda la historia y la mayoría se mostraron interesados, así que el roedor les dio una tarjeta con la dirección de la base secreta y les pidió que estuviesen allí a las dos semanas para organizar el plan definitivo. 
Más tarde se encontró con un dragón, el cual se fijó en Charminder nada más verlo, y ya cuando se enteró de que el pequeño ratoncito tenía aliento de fuego se enamoró completamente de él. Este vio rápido lo que pasaba y zorreó un poquito para convencer a Josete, el dragón. Charminder se arrimó a él, mientras se retorcía un poco la cola, y cuando estuvo a su lado, le acarició el brazo de arriba a abajo mientras le preguntaba si iba al gimnasio, y le dejaba caer que alguien tan fuerte como él era lo que estaban buscando en el grupo. Josete, que estaba más caliente que Málaga en Agosto, cayó completamente en su trampa y prometió ayudarlo. 
Mientras “Cucamonga” iba tomando forma, Trump logró hacerse con la presidencia de Estados Unidos, y creó muchas leyes para favorecer a los Illuminatis y perjudicar a aquellos que se alzaban contra él. Eso ayudó a concienciar al mundo e hizo que se unieran seres de lo más disparatados a la organización, como una pareja de koalas prometidos (las nuevas leyes de Trump prohibían las bodas entre koalas, por considerarlo algo antinatural), un ogro con su esclavo, el hombre de hojalata (Trump le agarró el coño a Dorothy, esto le afectó tanto que se volvió adicta a las drogas, y vendió al hombre de hojalata al ogro gitano Manolo, que era chatarrero, para poder comprar crack) y a una señora asiática muy rara que solo sonreía y decía “auriculareh”. Por fin estaban listos para plantarle cara a los Illuminati y así proteger al mundo entero de sus horribles intenciones.

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