sábado, 17 de marzo de 2018

El payaso que no sabía hacer animales

Un lunes lluvioso estaban unos investigadores de la GNASA jugando al mus, cuando vieron una notificación en la pantalla de uno de los ordenadores, que les comunicaba que se había encontrado un vídeo enviado por una raza alienigena, informando que la galaxia más cercana a la nuestra iba a explotar en menos de 48 horas, con la consiguiente onda expansiva que mataría a todos los humanos y los cachorritos( los perros adultos seguirían vivos, no se porque, a mi no me preguntes, que no soy un científico). Solo Paco, un payaso de pueblo incapaz de hacer animalitos con globos podía salvarnos de ese horrible final.
Para salvar a la humanidad y a los cachorritos (sobretodo a los cachorritos) Paco tenía que ganar a I.T. (primo segundo malvado de E.T.) a una partida de monopoly, aunque nuestro payaso era penoso jugando a ese juego. Después de tan solo cinco tiradas, Paco ya sabía que no iba a poder ganar esa partida, así que dedicó todo su empeño en intentar contentar al extraterrestre regalándole un patito hecho con globos, pero, como ya se ha dicho antes, este payaso no era muy bueno en este campo, así que murieron todos los cachorritos.

domingo, 11 de febrero de 2018

Quien no corre huele

Hacía tanto frío que el río de la ciudad se había congelado por completo, así que Mario y sus amigos decidieron ir a patinar sobre hielo. El muchacho, que no tenía mucha práctica en eso de patinar, hizo mal un giro y se cayó de boca contra el hielo, haciéndose una brecha en la barbilla. El golpe fue tan fuerte, que el hielo contra el que se dio se rompió, y del agujero que creó, apareció la mano de un mendigo que seguramente habría muerto ahogado (algo bastante común en la ciudad). Mario sobresaltado se levantó, pero el movimiento fue algo brusco, así que acabo recibiendo un arañazo en el brazo por parte del cadáver del vagabundo. Los amigos, que habían sido testigos del accidente cogieron a Mario y se lo llevaron corriendo al hospital para que lo viese algún médico. Allí le tuvieron que dar puntos en la barbilla, vendar el brazo y poner unas cuantas vacunas por precaución (al parecer no es muy sano hacerte una herida con un cadáver).
Al salir del hospital la pandilla decidió irse a tomar algo, pero Mario, que no se encontraba muy bien después de tanta inyección, rechazó el plan y se fue a casa a descansar.
Mario no había abierto la puerta de casa y ya sabía que no le iba a ser fácil descansar, pues era miércoles por la mañana, y todos los miércoles sus vecinos de al lado, una pareja de unos cuarenta años, preparaban una orgía con música y comida y el ruido llegaba hasta el piso de Mario (alguna vez le habían invitado, pero el muchacho siempre andaba ocupado a esa hora y nunca había podido asistir). Aun así, Mario se intentó dormir un rato en el sofá, pero a la media hora de dar vueltas, decidió llamarles la atención, necesitaba descansar y así no se podía, por lo que llamó al timbre de los vecinos y apareció Carla, la anfitriona, vestida con una falda de cuero y con un sujetador de “Hello Kitty”. Mario empezó a quejarse de la música, pero al final lo liaron y acabo participando en la orgía. Cuando el muchacho ya no podía hacer nada más, decidió irse a la zona de la comida a reponer un poco las fuerzas, pero al segundo mordisco empezó a sentir mucho dolor en la barriga, por lo que decidió volverse al hospital para comprobar que no era ningún efecto secundario de las vacunas.
A medio camino del hospital Mario empezó a sentir que le venia un apretón, así que empezó a correr para llegar al hospital a tiempo y no cagarse encima. Cuando llevaba un minuto corriendo se encontró con unas vallas y mucha gente colocándose alrededor de estas, pero no podía rodearlas, si lo hacía no llegaría al hospital a tiempo, así que las saltó y siguió corriendo. Tan concentrado estaba en apretar el culo, que no escuchó el disparo que marcaba la salida, ni vio a todos aquellos corredores que iba dejando atrás, solo vio la cinta negra que rompió al atravesar la meta el primero. Entonces vio a la gente aplaudiendo y gritando a su alrededor y se paró en seco para entender lo que estaba pasando, pero esto hizo que dejase de prestar atención a su cuerpo y que se cagase encima.
Esta es la historia de como Mario ganó una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de invierno. 

lunes, 30 de octubre de 2017

Un pollo de otro mundo (parte 1)

Un cartel de "no pasar" bloqueaba el camino que Carlitos había tomado aquel día en su ruta por el bosque que rodeaba su casa, pero hizo caso omiso y siguió aquel sendero hasta encontrar un edificio abandonado. El niño, lleno de curiosidad, abrió la puerta principal y vio la oscuridad que reinaba en el interior, pues no había una ventana que no estuviese cubierta con tablones. Se disponía a marcharse cuando observó una tenue luz al final de un largo pasillo, así que se adentró en la negrura casi absoluta para poder encontrar el origen de aquel resplandor. Al llegar no pudo creer lo que veían sus ojos, pues ante él se encontraba un pollo, vestido con unos vaqueros rotos, una camisa blanca de lino, pajarita y un sombrero de copa, sentado en una mecedora mientras con el ala derecha sujetaba una vieja lámpara de aceite. El animal miró fijamente al niño durante diez segundos, aunque a Carlitos le pareció una eternidad, aquello empezaba a asustarlo un poco. Después de ese tiempo, el animal saludó al muchacho con un “hola” y un levantamiento de ala. El niño, boquiabierto, contestó por cortesía, aunque estaba ya preparándose para echar a correr y volver con su madre, estaba seguro de que iba a tener pesadillas con eso durante una larga temporada.
-No te vayas, déjame que te cuente mi historia antes, no voy a hacerte ningún daño- Dijo el ave, que detectó la necesidad del niño de huir de aquella escena tan extravagante.
El niño, muerto de miedo, pero al mismo tiempo llenó de curiosidad, decidió sentarse y escuchar la historia, que cuanto menos prometía ser interesante.
Al parecer, el pollo era en realidad un alienígena, un habitante del planeta Croctus, que vino en una expedición de reconocimiento a la Tierra y le gustó tanto que se quedó. Su especie tenía la capacidad de intercambiarse el cuerpo con otras criaturas, y él lo hizo con un pollo y adoptó el nombre de McNugget. En principio parece que está bien y es fácil ser un ave, pero a largo plazo esa vida es muy dura (no la quiero yo para mis hijos), y el ya llevaba cincuenta años así. Necesitaba cambiar de cuerpo o moriría, pero ya que lo hacía quería probar la vida de un niño humano, así que se recluyó en aquel edificio esperando a que llegase el niño que el destino elegiría como su salvador.
Carlitos escuchó aquella historia muy atento, y cuando se dio cuenta de lo que el señor McNugget le estaba insinuando se negó en rotundo, él no quería ser un animal de granja, estaba contento siendo un niño. El pollo le insistió y utilizó la experiencia que le había dado su larga vida para engañar al niño y que este aceptara, pero solo lo hizo con una condición, que la experiencia no durase más de dos semanas. McNugget, aceptó, eso le bastaría para reponerse y seguir con su vida otros cincuenta años más, así que empezaron el proceso de transformación.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Hermano mayor 3000 (parte 1)

José, un señor de unos sesenta años, estaba sentado en el sillón del salón, recitando un poema de su libro preferido, mientras a través de la ventana se podía observar un paisaje idílico, que se rompió cuando apareció en el horizonte la figura de un jinete cabalgando un gorrino, que frenó de golpe e hizo que el muchacho se cayese de bruces sobre una caca de perro.
José que había estado contemplando toda la escena empezó a descojonarse del desafortunado jinete, pero de manera muy escandalosa, tanto que al final apareció en el umbral de la puerta su nieto Kevin, un chaval de diecinueve años, que se acababa de despertar después de una noche de borrachera escuchando reggaeton, por lo que tenía una resaca increíble. El muchacho le dio un puñetazo a la puerta mientras gritaba a su abuelo.
- Viejo cierra la puta boca ya, coño, que estoy de resaca, que te meto.- exclamó el Kevin.
José, que estaba un poquito acojonadillo, dejó de reírse. En ese momento se creó un boquete en el techo y apareció un robot que flotaba en el aire y le dio una hostia al Kevin, pero no una hostia normal, sinó una fortísima, tanto, que hasta el cerdo, que se encontraba lejísimos de la casa, giró la cabeza y pensó “coño, que hostión le acaban de pegar a alguien”. Al parecer el robot venía del futuro, y era el presentador de la edición tres mil de “Hermano Mayor”, y quería ayudar a esa familia a conseguir la felicidad, pero vio, que no solo era culpa del nieto, que el abuelo, tampoco había tenido consideración por el, así que le arreó una leche igual de fuerte al abuelo, tanto que le hizo saltar la dentadura postiza.
Para poder conseguir el objetivo planificado el robot tenía que llevarse a esta pequeña familia al futuro con el, ya que ahí era donde tenía el plató con sus cámaras y todo el material para grabar el programa (no iba a trabajar en algo que no podía emitir, porque sinó no ganaba dinero, que era un robot, pero no gilipollas). Como la gente del momento no podía saber nada del futuro, lo que hicieron fue quemar la casa y poner los cuerpos de dos indigentes que solían rondar por la zona, nadie los echaría de menos. 

domingo, 17 de septiembre de 2017

El apretón

Jack estaba viendo como le daban una hostia a su primo Jerry, por fin había llegado el día de su primera comunión (y de la última, pues el niño no creía en Dios, solo cedió por los regalos). En ese momento sintió un fuerte retortijón, seguramente generado por el kiwi que se había comido en el desayuno. Tenía que encontrar un sitio donde poder cagar tranquilamente, pero no podía irse así como así de la ceremonia, pues su madre le daría tal leche que cambiaría el eje terrestre, acabando así con la vida en el planeta tal y como la conocemos (era una mujer creyente algo exagerada y pensaba que si su hijo no estaba presente en la la ceremonia la vida no tenía sentido). Estuvo barajando varias posibilidades, como cagarse encima o cagar en la pila bautismal, pero a saber que diabólicas consecuencias tendría mancillar el agua bendita, así que al final decidió defecar en el confesionario, donde escuchó algo que no se esperaba para nada.
Estaba apretando en el confesionario cuando llegó un hombre y pensando que el que estaba dentro era un cura le empezó a contar su vida. Al parecer había crecido en una familia de acogida, en la que abusaban de él constantemente, esto hizo que empezase a maltratar a sus muñecos de peluche, pero eso no acabo ahí. Luego empezó a pegar a los muñecos de otras personas, sin importar que no fuesen de su propiedad, así a lo bestia. Tras una espiral de caos en la que se levantaba todos los días lleno de espuma de relleno, comprendió que lo que hacía estaba mal, así que dejó aquella vida y se metió en una secta que se dedicaba a robar a ancianitas para dárselo a sus mascotas, a las que luego robaban y se lo daban a unos niños huérfanos. Cuando se cansó de eso, se casó con la primera mujer que vio, que resultó ser adoradora de Satán, así que ese verano se fueron juntos a seguir su gira (si no habéis visto nunca a Satán en directo, deberíais, es todo un espectáculo, aunque claro, el precio es algo caro, no todo el mundo puede permitirse sacrificar una virgen todos los meses). Esos conciertos lo llevaron a un mundo de muerte y destrucción, pero todo eso acabo cuando descubrió como hacer cupcakes de morcilla con chocolate y cacahuetes. 
Jack escuchó todo eso boquiabierto (excepto cuando tenía que apretar un poco, que entonces si cerraba la boca), deseando acabar pronto para poder salir y ver quien era, pero los tacos mexicanos de la cena del día anterior no permitieron que durase menos de media hora, así que cuando pudo salir del confesionario aquel hombre ya se había ido. La ceremonia había acabado hacia dos minutos y todo el mundo estaba de pie felicitando al niño vestido de marinerito, pero Jack solo repasaba a todos los hombres allí presentes preguntándose quien sería el que había llevado esa loca vida. 

viernes, 15 de septiembre de 2017

21 de julio del 96, hola chata ¿como estás?

Neil Armstrong y Edwin Aldrin, más conocido como “Buzz”, alunizaron el 20 de julio de 1969, pero hasta el día siguiente no pudieron salir de la nave, lo que hizo que se acrecentaran sus nervios y que estuviesen muy emocionados por lo que iban a hacer, ya que serían los primeros hombres en pisar la luna, eso les llenaba de dicha, pues les honraba mucho saber que su país tenía esa confianza en ellos, y lo más importante, sabían que si conseguían llegar de vuelta a la Tierra, se iban a hinchar a follar. 
Llegó la hora de bajar las escaleras del Apollo 11 y poner los pies en la superficie lunar, que de lejos, parecía la cara de un adolescente, con tanto cráter, pero visto desde tan cerca, no era muy diferente de cualquier descampado que puedas encontrar en la periferia de una gran ciudad. Habían pensado varias frases para aquel momento, pues suponían que les iban a dejar decir unas palabras, aunque al final se decantaron por la ya conocida “Un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”, una frase que les había salido unos días atrás en una galleta de la fortuna del chino de la esquina. Estuvieron unos cinco minutos siendo grabados por las cámaras, luego se hicieron una foto para subir a instagram con el hashtag “aquísufriendo”, y se dispusieron a subir aquellas escaleras de metal que conectaba con la nave que les llevaría de vuelta a casa, su misión había acabado. 
Fue entonces, cuando unas pequeñas bolas de luz brotaron del suelo lunar, seguidas por unas manos de color azul, formadas por cuatro dedos largos y huesudos, con uñas largas y pintadas de color verde fosforito. Estos seres empezaron a acercarse a los dos astronautas, que se habían quedado como hipnotizados por aquel espectáculo, y que solo despertaron cuando las uñas empezaron a rasgar su traje espacial. 
Los muchachos subieron rápido y se metieron en la nave, pero las manos seguían intentando llegar hasta ellos, por lo que se fueron hasta el panel de control e intentaron conectar con la Nasa, pero era la hora del almuerzo, así que no les cogió nadie el teléfono. Se volvieron a acercar a la ventana circular que había en la puerta de la nave, para ver si había cambiado algo la situación, pero todo seguía igual. En ese momento, de uno de los cráteres que había alrededor apareció una especie de vaca de color verde, pero que en vez de manchas tenía rayas, y sus cuernos habían sido sustituidos por dos antenas metálicas
Este extraño animal empezó a comerse todas las manos azules del lugar hasta que no quedó ninguna, entonces cayó al suelo y se apretó las ubres con las patas delanteras, estaba claro que le dolía algo. Los dos astronautas, ambos animalistas y veganos, no pudieron ver como el pobre animal sufría así que salieron a socorrerlo. Cuando llegaron a su lado entendieron, que lo que le pasaba era que tenía una gran cantidad de leche acumulada, por lo que se dispusieron a ordeñarla. De aquellas tetillas salió un elixir dorado, que los muchachos guardaron en botes de cristal, para llevarlo a la tierra y estudiarlo.
Una vez aterrizaron en su país nuevamente le entregaron los botes al gobierno, que los guardó en una base militar secreta, pues al analizarlos, descubrieron que este extraño fluido permitiría a aquel que lo bebiese controlar la mente de toda la humanidad.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Cuando el río suena agarra la nutria

Eran las doce de la mañana cuando se vio por primera vez aquella nave surcando el cielo, su forma era como la de una medusa, con una umbrela blanca y una especie de tentáculos metálicos rodeándola. Los habitantes de aquella ciudad, siguieron aquella obra de ingeniería alienigena con la mirada y supusieron que el lugar en el que aterrizaría sería el descampado del norte, aplastando así a alguno de los mendigos que siempre solían rondar por la zona, por lo que fueron corriendo hasta allí (a todo el mundo le gusta ver como muere un sintecho).
Llegaron justo para ver como se posaba la nave, introduciendo los tentáculos de acero en la superficie terrestre como si de unas raíces se trataran. Al estabilizarse en el suelo, se empezó a abrir una puerta, y descendió una rampa de la abertura hasta el suelo. Los ciudadanos lograron ver la sombra de una extraña criatura en el umbral y dieron un paso atrás aterrorizados, entonces el extraño ser dio un paso adelante y por fin vieron su cuerpo, era redondo y marrón, pues se trataba ni más ni menos que de una cebolla gigante que había cobrado vida. La gente se empezó a reír, no creía como podían haber sentido pánico de una cebolla, que daño podía hacerles? La pobre cebolla vio este gesto como una humillación, esos terrestres se estaban riendo de ella, así que lo iban a pagar muy caro. Sacó el arma de un bolsillo que tenía detrás (o al menos yo espero que fuese un bolsillo), y empezó a disparar a la gente, que se fue desintegrando según impactaba el rayo mortífero en sus cuerpos. La multitud se deshizo en gritos y algunos empezaron a correr para salvar la vida, otros en cambio, intentaron hacerle frente a la cebolla, pero lo único que conseguían era hacerles cortes superficiales, cosa que no afectaba mucho a la cebolla, por aquello de que están formadas por capas, pero si que afectaba al agresor, que de repente se echaba a llorar y quedaba totalmente indefenso. 
Todo era caos, hasta que vinieron los bomberos y lograron matar a aquel ser con la ayuda de una antena de telefonía que se encontraba en aquel descampado, partiendo a la cebolla en dos.
Una parte se la llevó el equipo de científicos del estado para investigar aquella extraña forma de vida,, la otra parte no la pudieron encontrar, solo quedaban unas pequeñas huellas de animal, así que supusieron que ya se la habrían comido. 
En la zona este de la ciudad un pequeño mapache corría con la cebolla en sus patas delanteras, hasta llegar a un río, donde sumergió aquel suculento alimento que había encontrado de casualidad. Los líquidos de la cebolla fluyeron por el río hasta llegar a la red de distribución, medio por el cual, una pequeña parte de aquella cebolla del espacio logró llegar a todas las casas de la ciudad. 
Pasaron unos días hasta ver el primer efecto secundario, un chico de diecisiete años, tras beberse dos litros de agua después de jugar un partido de tenis en la wii, se convirtió de repente en una cebolla gigante y mató a su familia. Poco a poco esto se fue repitiendo por toda la ciudad, el infierno se había desatado en forma de cebolla.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Ojos que no ven, corazón que no siente

Jack llevaba tiempo enamorado de Alice, pero ella no le hacía ni caso, siempre había pensado que no era más que un chico que se lo tenía creído, al que no le importaba nada, cosa que no le atraía lo más mínimo. Pero esa actitud cambió cuando la conoció, la energía de vivir de ella, la pasión que le ponía a todo lo que hacía y sus ganas de conseguir un mundo mejor hicieron que toda la vida de Jack diese un vuelco y por fin encontró algo que le importaba más que el mismo, Alice.
Decidió jugárselo todo a una carta, hacer algo tan grande que cambiaría su forma de pensar, así que durante la clase de arte de la muchacha, que se impartía en el patio, al lado de las gradas del campo de fútbol, y con la ayuda de sus amigos del club de audiovisuales y la banda del instituto, empezó a sonar una música. Al cabo de un momento apareció Jack cantando una canción de amor que le dedicó a la muchacha, acompañada de un gracioso baile. Alice no pudo hacer nada más que sonreír y aplaudir cuando el espectáculo terminó, el plan de Jack había tenido éxito. Este se dispuso a bajar al patio para abrazar a la chica de sus sueños, pero, calculó mal las distancias, se tropezó con un banco de la grada y fue cayendo hasta llegar al suelo, donde se rompió el cuello y quedó inerte. El cuerpo del muchacho daba pena verlo, moratones, sangre, se le había salido el hueso del brazo, un desastre vaya, así que los miembros de la banda, presentes en todo momento, empezaron a vomitar, gritar y llorar. Alice totalmente descompuesta, fue corriendo al lado del cadáver del chico del que se acababa de enamorar, con tan mala suerte, que pisó el vómito de uno de sus compañeros, resbaló y cayó encima del cuerpo de Jack, clavándose el hueso que se le había salido al muchacho, justo en el corazón.
Así que ya sabéis, como dice el refrán :”Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Accidente (parte 1)

La noche era oscura pues las nubes tapaban la luna, de forma que solo las farolas iluminaban la ciudad, permitiendo robos, saqueos y mear en la calle. De repente empezó a llover, las gotas caían sin parar, los rayos chocaban violentamente contra el suelo, el viento huracanado arrastraba los papeles tirados por el suelo, además de la ropa tendida en los balcones, que volaba por el aire, libre y locamente (se le había ido la pinza). 
Mientras tanto en un segundo piso del centro de la ciudad, estaba Javier, sentado en el sofá, mirando la televisión mientras cenaba un bocadillo de jamón, intentando no reírse de aquel payaso triste que salía en antena estampándose una tarta en la cara para hacer salir la carcajada del público. En aquel momento se apagó el televisor, se quedó todo a oscuras, Javier se levantó, salió al pasillo apretó el interruptor, pero nada pasó, la tormenta había sido la culpable de que se fuese la luz en media ciudad.Entró a su piso encendió una vela, se acabó el bocadillo, y durmió la noche entera
Al día siguiente cuando se levantó, la luz había vuelto así que estaba encendido el televisor. En las noticias, salía un avión que se había estrellado, por culpa del apagón. Había centenares de heridos y un muerto así que Javier salió escopeteado, le tocaba trabajar pues era un enfermero en el hospital de la ciudad. Cuando llegó, todo era caos, un montón de camillas, y gente a rabiar, esperaban en la sala a que les atendieran. Todo el mundo estaba irascible, todos querían ir primero, en vez de ayudarse los unos a los otros, se empujaban, para ser atendidos antes, pero eso en vez de acelerar el proceso lo atrasaba, pues para separarlos tuvieron que venir los de seguridad e ir dando palizas a los pacientes revoltosos, por lo que luego había más que curar.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Por un peo aquí me veo

Cristian entró en la ducha con cuidado para no resbalar y romperse la nuca. Abrió el grifo, se apartó rápidamente para evitar el chorro de agua congelada y esperó a que subiese la temperatura para colocarse debajo de la alcachofa. Se echo el champú de coco en la mano y empezó a frotarse el cuero cabelludo, cuidando que no le entrara jabón en los ojos, mientras entonaba “uptown girl”, lo que el conocía como su canción de ducha. 
Iba por la segunda estrofa, cuando su novia Laura llamó a la puerta y preguntó si podía pasar.
-Lo siento, pero no me encuentro bien, necesito usar el baño urgentemente.- explicó la muchacha.
- Pasa, sin problema, a mi aún me queda un rato.- dijo Cristian.
El muchacho siguió cantando mientras se enjabonaba los brazos y las piernas, entonces se escuchó un pedo bastante sonoro, Cristian se echo a reír y Laura pidió disculpas, avergonzada. El muchacho se empezó a aclarar, y con el toqueteo se puso cachondillo, así que empezó a masturbarse, aunque estaba algo mareado, pero pensaba que era del calentón. De repente, perdió el conocimiento, y su cuerpo cayó inerte, golpeándose la nuca con el grifo, llenándolo todo de sangre. Laura se acercó a la ducha mientras preguntaba al chico si se encontraba bien, como vio que no le contestaba apartó la cortina de la ducha y gritó lo más fuerte que pudo al ver el cuerpo ahí tirado. Llamó a emergencias, pero ya era tarde, Cristian había muerto. Intentó meter el cuerpo en un ataúd para poder enterrarlo, pero como había muerto con el pene erecto, no había forma de cerrar la tapa, por lo que decidió disecarlo, y usarlo de perchero, aprovechando la erección para colgar los abrigos.

El museo

-¡Mamá mira, un tigre dientes de sable! Exclamó un niño pequeño al otro lado de la sala. Marcos volvió a centrarse en la exposición de herramientas de paleolítico que tenía delante, mientras se lamentaba de la actitud del resto de personas, jugando con el móvil y haciéndose fotos, sin prestar atención al museo de la evolución. Incluso había un neandertal toqueteando su teléfono y golpeándolo contra el suelo. En ese momento el muchacho volvió la vista al homínido y dio un paso atrás mientras un montón de preguntas se agolpaban en su mente. ¿Que había pasado? ¿Por que había cobrado vida la figura del Neandertal? ¿Era la única criatura que había sufrido este cambio? 
Fue corriendo a buscar a alguien de seguridad, era necesario que se enterase de lo que estaba pasando. Nada más cruzar la esquina se encontró con las huellas de algún animal y decidió seguirlas para ver de que se trataba. Fue hasta el baño de caballeros, donde encontró una criatura parecida a un toro bebiendo del retrete. Tenía que avisar a alguien rápido o iba a ocurrir una desgracia.
Subió corriendo hasta el segundo piso y encontró al conserje viendo porno de enanos murcianos y gangosos en su garita. Aunque se trataba de un asunto urgente, Marcos, que era muy educado, esperó hasta que aquel señor de gorra roja y mostacho canoso acabó su pajichuela. Cuando salió de la habitación, nuestro protagonista le contó lo que estaba pasando, pero el conserje en vez de ayudar, se tiró por la ventana y abrió el paracaídas (porque todos los conserjes que trabajan en una segunda planta llevan paracaídas). Marcos contemplo como el hombre hacía un aterrizaje perfecto, pero cuando trataba de huir, no vio el escalón debido a su ojo vago, y se rompió el cuello con la caída. 
Mientras esto pasaba, la criatura que se asemejaba a un toro había seguido el rastro del muchacho hasta la segunda planta. Marcos escuchó un ruido a su espalda, se giró y vio a aquella horrible criatura, asustado dio un paso atrás, ya no había nada que hacer, ese sería su final. Aquel engendro hizo un ademán de envestir al muchacho, pero justo en ese momento, le picó una abeja, y murió en el acto (debía ser alérgico o algo). El muchacho aprovechó la situación para avisar al responsable del museo, un hombre de mediana edad con cara de aburrido, que no se extrañó de lo que le contaba Marcos, pues al parecer, el edificio estaba construido sobre un cementerio indio, y cada dos por tres, los fantasmas poseían los cuerpos y las figuras del museo y pasaban cosas raras, pero no era nada grave, porque tenían su propio cura que se encargaba de hacer los exorcismos, así que el asunto no suponía mas que un par de muertos y algo más de trabajo para el equipo de limpieza. 
Marcos se quedo boquiabierto por la normalidad con la que se lo tomaba todo, pero bueno, ya podía estar tranquilo porque todo se iba a solucionar, así que decidió ser práctico y le pidió trabajo como conserje de la segunda planta, ya que el puesto había quedado vacante.

El payaso que no sabía hacer animales

Un lunes lluvioso estaban unos investigadores de la GNASA jugando al mus, cuando vieron una notificación en la pantalla de uno de los ordena...