miércoles, 20 de septiembre de 2017

Hermano mayor 3000 (parte 1)

José, un señor de unos sesenta años, estaba sentado en el sillón del salón, recitando un poema de su libro preferido, mientras a través de la ventana se podía observar un paisaje idílico, que se rompió cuando apareció en el horizonte la figura de un jinete cabalgando un gorrino, que frenó de golpe e hizo que el muchacho se cayese de bruces sobre una caca de perro.
José que había estado contemplando toda la escena empezó a descojonarse del desafortunado jinete, pero de manera muy escandalosa, tanto que al final apareció en el umbral de la puerta su nieto Kevin, un chaval de diecinueve años, que se acababa de despertar después de una noche de borrachera escuchando reggaeton, por lo que tenía una resaca increíble. El muchacho le dio un puñetazo a la puerta mientras gritaba a su abuelo.
- Viejo cierra la puta boca ya, coño, que estoy de resaca, que te meto.- exclamó el Kevin.
José, que estaba un poquito acojonadillo, dejó de reírse. En ese momento se creó un boquete en el techo y apareció un robot que flotaba en el aire y le dio una hostia al Kevin, pero no una hostia normal, sinó una fortísima, tanto, que hasta el cerdo, que se encontraba lejísimos de la casa, giró la cabeza y pensó “coño, que hostión le acaban de pegar a alguien”. Al parecer el robot venía del futuro, y era el presentador de la edición tres mil de “Hermano Mayor”, y quería ayudar a esa familia a conseguir la felicidad, pero vio, que no solo era culpa del nieto, que el abuelo, tampoco había tenido consideración por el, así que le arreó una leche igual de fuerte al abuelo, tanto que le hizo saltar la dentadura postiza.
Para poder conseguir el objetivo planificado el robot tenía que llevarse a esta pequeña familia al futuro con el, ya que ahí era donde tenía el plató con sus cámaras y todo el material para grabar el programa (no iba a trabajar en algo que no podía emitir, porque sinó no ganaba dinero, que era un robot, pero no gilipollas). Como la gente del momento no podía saber nada del futuro, lo que hicieron fue quemar la casa y poner los cuerpos de dos indigentes que solían rondar por la zona, nadie los echaría de menos. 

domingo, 17 de septiembre de 2017

El apretón

Jack estaba viendo como le daban una hostia a su primo Jerry, por fin había llegado el día de su primera comunión (y de su última, pues el niño no creía en Dios, solo cedió por los regalos). En ese momento sintió un fuerte retortijón, seguramente generado por el kiwi que se había comido en el desayuno. Tenía que encontrar un sitio donde poder cagar tranquilamente, pero no podía irse de la ceremonia, pues su madre le daría tal leche que cambiaría el eje terrestre, acabando así con la vida en el planeta (era una mujer creyente algo exagerada y pensaba que si su hijo no veía la ceremonia la vida tal y como la conocían no tenía sentido). Estuvo barajando varias posibilidades, como cagarse encima o cagar en la pila bautismal, pero a saber que diabólicas consecuencias tendría mancillar el agua bendita, así que al final decidió defecar en el confesionario, donde escuchó algo que no se esperaba para nada.
Estaba apretando en el confesionario cuando llegó un hombre y pensando que el que estaba dentro era un cura le empezó a contar su vida. Al parecer había crecido en una familia de acogida, en la que abusaban de el constantemente, esto hizo que empezase a maltratar a sus muñecos de peluche, pero eso no acabo ahí. Luego empezó a pegar a los muñecos de otras personas, sin importar que no fuesen de su propiedad, así a lo bestia. Tras una espiral de caos en la que se levantaba todos los días lleno de espuma de relleno, comprendió que lo que hacía estaba mal, así que dejó aquella vida y se metió en una secta que se dedicaba a robar a ancianitas para dárselo a sus mascotas, a las que luego robaban y se lo daban a unos niños huérfanos. Cuando se cansó de eso, se casó con la primera mujer que vio, que resulto ser adoradora de Satán, así que ese verano se fueron juntos a seguir su gira (si no habéis visto nunca a Satán en directo, deberíais, es todo un espectáculo, aunque claro, el precio es algo caro, no todo el mundo puede permitirse sacrificar una virgen todos los meses). Esos conciertos lo llevaron a un mundo de muerte y destrucción, pero todo eso acabo cuando descubrió como hacer cupcakes de morcilla con chocolate y cacahuetes. 
Jack escuchó todo eso boquiabierto (excepto cuando tenía que apretar un poco, que entonces si cerraba la boca), deseando acabar pronto para poder salir y ver quien era, pero los tacos mexicanos de la cena del día anterior no permitieron que durase menos de media hora, así que cuando pudo salir del confesionario aquel hombre ya se había ido. La ceremonia había acabado hacia dos minutos y todo el mundo estaba de pie felicitando al niño vestido de marinerito, pero Jack solo repasaba a todos los hombres allí presentes preguntándose quien sería el que había llevado esa loca vida. 

viernes, 15 de septiembre de 2017

21 de julio del 96, hola chata ¿como estás?

Neil Armstrong y Edwin Aldrin, más conocido como “Buzz”, alunizaron el 20 de julio de 1969, pero hasta el día siguiente no pudieron salir de la nave, lo que hizo que se acrecentaran sus nervios y que estuviesen muy emocionados por lo que iban a hacer, ya que serían los primeros hombres en pisar la luna, eso les llenaba de dicha, pues les honraba mucho saber que su país tenía esa confianza en ellos, y lo más importante, sabían que si conseguían llegar de vuelta a la Tierra, se iban a hinchar a follar. 
Llegó la hora de bajar las escaleras del Apollo 11 y poner los pies en la superficie lunar, que de lejos, parecía la cara de un adolescente, con tanto cráter, pero visto desde tan cerca, no era muy diferente de cualquier descampado que puedas encontrar en la periferia de una gran ciudad. Habían pensado varias frases para aquel momento, pues suponían que les iban a dejar decir unas palabras, aunque al final se decantaron por la ya conocida “Un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”, una frase que les había salido unos días atrás en una galleta de la fortuna del chino de la esquina. Estuvieron unos cinco minutos siendo grabados por las cámaras, luego se hicieron una foto para subir a instagram con el hashtag “aquísufriendo”, y se dispusieron a subir aquellas escaleras de metal que conectaba con la nave que les llevaría de vuelta a casa, su misión había acabado. 
Fue entonces, cuando unas pequeñas bolas de luz brotaron del suelo lunar, seguidas por unas manos de color azul, formadas por cuatro dedos largos y huesudos, con uñas largas y pintadas de color verde fosforito. Estos seres empezaron a acercarse a los dos astronautas, que se habían quedado como hipnotizados por aquel espectáculo, y que solo despertaron cuando las uñas empezaron a rasgar su traje espacial. 
Los muchachos subieron rápido y se metieron en la nave, pero las manos seguían intentando llegar hasta ellos, por lo que se fueron hasta el panel de control e intentaron conectar con la Nasa, pero era la hora del almuerzo, así que no les cogió nadie el teléfono. Se volvieron a acercar a la ventana circular que había en la puerta de la nave, para ver si había cambiado algo la situación, pero todo seguía igual. En ese momento, de uno de los cráteres que había alrededor apareció una especie de vaca de color verde, pero que en vez de manchas tenía rayas, y sus cuernos habían sido sustituidos por dos antenas metálicas
Este extraño animal empezó a comerse todas las manos azules del lugar hasta que no quedó ninguna, entonces cayó al suelo y se apretó las ubres con las patas delanteras, estaba claro que le dolía algo. Los dos astronautas, ambos animalistas y veganos, no pudieron ver como el pobre animal sufría así que salieron a socorrerlo. Cuando llegaron a su lado entendieron, que lo que le pasaba era que tenía una gran cantidad de leche acumulada, por lo que se dispusieron a ordeñarla. De aquellas tetillas salió un elixir dorado, que los muchachos guardaron en botes de cristal, para llevarlo a la tierra y estudiarlo.
Una vez aterrizaron en su país nuevamente le entregaron los botes al gobierno, que los guardó en una base militar secreta, pues al analizarlos, descubrieron que este extraño fluido permitiría a aquel que lo bebiese controlar la mente de toda la humanidad.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Cuando el río suena agarra la nutria

Eran las doce de la mañana cuando se vio por primera vez aquella nave surcando el cielo, su forma era como la de una medusa, con una umbrela blanca y una especie de tentáculos metálicos rodeándola. Los habitantes de aquella ciudad, siguieron aquella obra de ingeniería alienigena con la mirada y supusieron que el lugar en el que aterrizaría sería el descampado del norte, aplastando así a alguno de los mendigos que siempre solían rondar por la zona, por lo que fueron corriendo hasta allí (a todo el mundo le gusta ver como muere un sintecho).
Llegaron justo para ver como se posaba la nave, introduciendo los tentáculos de acero en la superficie terrestre como si de unas raíces se trataran. Al estabilizarse en el suelo, se empezó a abrir una puerta, y descendió una rampa de la abertura hasta el suelo. Los ciudadanos lograron ver la sombra de una extraña criatura en el umbral y dieron un paso atrás aterrorizados, entonces el extraño ser dio un paso adelante y por fin vieron su cuerpo, era redondo y marrón, pues se trataba ni más ni menos que de una cebolla gigante que había cobrado vida. La gente se empezó a reír, no creía como podían haber sentido pánico de una cebolla, que daño podía hacerles? La pobre cebolla vio este gesto como una humillación, esos terrestres se estaban riendo de ella, así que lo iban a pagar muy caro. Sacó el arma de un bolsillo que tenía detrás (o al menos yo espero que fuese un bolsillo), y empezó a disparar a la gente, que se fue desintegrando según impactaba el rayo mortífero en sus cuerpos. La multitud se deshizo en gritos y algunos empezaron a correr para salvar la vida, otros en cambio, intentaron hacerle frente a la cebolla, pero lo único que conseguían era hacerles cortes superficiales, cosa que no afectaba mucho a la cebolla, por aquello de que están formadas por capas, pero si que afectaba al agresor, que de repente se echaba a llorar y quedaba totalmente indefenso. 
Todo era caos, hasta que vinieron los bomberos y lograron matar a aquel ser con la ayuda de una antena de telefonía que se encontraba en aquel descampado, partiendo a la cebolla en dos.
Una parte se la llevó el equipo de científicos del estado para investigar aquella extraña forma de vida,, la otra parte no la pudieron encontrar, solo quedaban unas pequeñas huellas de animal, así que supusieron que ya se la habrían comido. 
En la zona este de la ciudad un pequeño mapache corría con la cebolla en sus patas delanteras, hasta llegar a un río, donde sumergió aquel suculento alimento que había encontrado de casualidad. Los líquidos de la cebolla fluyeron por el río hasta llegar a la red de distribución, medio por el cual, una pequeña parte de aquella cebolla del espacio logró llegar a todas las casas de la ciudad. 
Pasaron unos días hasta ver el primer efecto secundario, un chico de diecisiete años, tras beberse dos litros de agua después de jugar un partido de tenis en la wii, se convirtió de repente en una cebolla gigante y mató a su familia. Poco a poco esto se fue repitiendo por toda la ciudad, el infierno se había desatado en forma de cebolla.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Ojos que no ven, corazón que no siente

Jack llevaba tiempo enamorado de Alice, pero ella no le hacía ni caso, siempre había pensado que no era más que un chico que se lo tenía creído, al que no le importaba nada, cosa que no le atraía lo más mínimo. Pero esa actitud cambió cuando la conoció, la energía de vivir de ella, la pasión que le ponía a todo lo que hacía y sus ganas de conseguir un mundo mejor hicieron que toda la vida de Jack diese un vuelco y por fin encontró algo que le importaba más que el mismo, Alice.
Decidió jugárselo todo a una carta, hacer algo tan grande que cambiaría su forma de pensar, así que durante la clase de arte de la muchacha, que se impartía en el patio, al lado de las gradas del campo de fútbol, y con la ayuda de sus amigos del club de audiovisuales y la banda del instituto, empezó a sonar una música. Al cabo de un momento apareció Jack cantando una canción de amor que le dedicó a la muchacha, acompañada de un gracioso baile. Alice no pudo hacer nada más que sonreír y aplaudir cuando el espectáculo terminó, el plan de Jack había tenido éxito. Este se dispuso a bajar al patio para abrazar a la chica de sus sueños, pero, calculó mal las distancias, se tropezó con un banco de la grada y fue cayendo hasta llegar al suelo, donde se rompió el cuello y quedó inerte. El cuerpo del muchacho daba pena verlo, moratones, sangre, se le había salido el hueso del brazo, un desastre vaya, así que los miembros de la banda, presentes en todo momento, empezaron a vomitar, gritar y llorar. Alice totalmente descompuesta, fue corriendo al lado del cadáver del chico del que se acababa de enamorar, con tan mala suerte, que pisó el vómito de uno de sus compañeros, resbaló y cayó encima del cuerpo de Jack, clavándose el hueso que se le había salido al muchacho, justo en el corazón.
Así que ya sabéis, como dice el refrán :”Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Accidente (parte 1)

La noche era oscura pues las nubes tapaban la luna, de forma que solo las farolas iluminaban la ciudad, permitiendo robos, saqueos y mear en la calle. De repente empezó a llover, las gotas caían sin parar, los rayos chocaban violentamente contra el suelo, el viento huracanado arrastraba los papeles tirados por el suelo, además de la ropa tendida en los balcones, que volaba por el aire, libre y locamente (se le había ido la pinza). 
Mientras tanto en un segundo piso del centro de la ciudad, estaba Javier, sentado en el sofá, mirando la televisión mientras cenaba un bocadillo de jamón, intentando no reírse de aquel payaso triste que salía en antena estampándose una tarta en la cara para hacer salir la carcajada del público. En aquel momento se apagó el televisor, se quedó todo a oscuras, Javier se levantó, salió al pasillo apretó el interruptor, pero nada pasó, la tormenta había sido la culpable de que se fuese la luz en media ciudad.Entró a su piso encendió una vela, se acabó el bocadillo, y durmió la noche entera
Al día siguiente cuando se levantó, la luz había vuelto así que estaba encendido el televisor. En las noticias, salía un avión que se había estrellado, por culpa del apagón. Había centenares de heridos y un muerto así que Javier salió escopeteado, le tocaba trabajar pues era un enfermero en el hospital de la ciudad. Cuando llegó, todo era caos, un montón de camillas, y gente a rabiar, esperaban en la sala a que les atendieran. Todo el mundo estaba irascible, todos querían ir primero, en vez de ayudarse los unos a los otros, se empujaban, para ser atendidos antes, pero eso en vez de acelerar el proceso lo atrasaba, pues para separarlos tuvieron que venir los de seguridad e ir dando palizas a los pacientes revoltosos, por lo que luego había más que curar.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Por un peo aquí me veo

Cristian entró en la ducha con cuidado para no resbalar y romperse la nuca. Abrió el grifo, se apartó rápidamente para evitar el chorro de agua congelada y esperó a que subiese la temperatura para colocarse debajo de la alcachofa. Se echo el champú de coco en la mano y empezó a frotarse el cuero cabelludo, cuidando que no le entrara jabón en los ojos, mientras entonaba “uptown girl”, lo que el conocía como su canción de ducha. 
Iba por la segunda estrofa, cuando su novia Laura llamó a la puerta y preguntó si podía pasar.
-Lo siento, pero no me encuentro bien, necesito usar el baño urgentemente.- explicó la muchacha.
- Pasa, sin problema, a mi aún me queda un rato.- dijo Cristian.
El muchacho siguió cantando mientras se enjabonaba los brazos y las piernas, entonces se escuchó un pedo bastante sonoro, Cristian se echo a reír y Laura pidió disculpas, avergonzada. El muchacho se empezó a aclarar, y con el toqueteo se puso cachondillo, así que empezó a masturbarse, aunque estaba algo mareado, pero pensaba que era del calentón. De repente, perdió el conocimiento, y su cuerpo cayó inerte, golpeándose la nuca con el grifo, llenándolo todo de sangre. Laura se acercó a la ducha mientras preguntaba al chico si se encontraba bien, como vio que no le contestaba apartó la cortina de la ducha y gritó lo más fuerte que pudo al ver el cuerpo ahí tirado. Llamó a emergencias, pero ya era tarde, Cristian había muerto. Intentó meter el cuerpo en un ataúd para poder enterrarlo, pero como había muerto con el pene erecto, no había forma de cerrar la tapa, por lo que decidió disecarlo, y usarlo de perchero, aprovechando la erección para colgar los abrigos.

El museo

-¡Mamá mira, un tigre dientes de sable! Exclamó un niño pequeño al otro lado de la sala. Marcos volvió a centrarse en la exposición de herramientas de paleolítico que tenía delante, mientras se lamentaba de la actitud del resto de personas, jugando con el móvil y haciéndose fotos, sin prestar atención al museo de la evolución. Incluso había un neandertal toqueteando su teléfono y golpeándolo contra el suelo. En ese momento el muchacho volvió la vista al homínido y dio un paso atrás mientras un montón de preguntas se agolpaban en su mente. ¿Que había pasado? ¿Por que había cobrado vida la figura del Neandertal? ¿Era la única criatura que había sufrido este cambio? 
Fue corriendo a buscar a alguien de seguridad, era necesario que se enterase de lo que estaba pasando. Nada más cruzar la esquina se encontró con las huellas de algún animal y decidió seguirlas para ver de que se trataba. Fue hasta el baño de caballeros, donde encontró una criatura parecida a un toro bebiendo del retrete. Tenía que avisar a alguien rápido o iba a ocurrir una desgracia.
Subió corriendo hasta el segundo piso y encontró al conserje viendo porno de enanos murcianos y gangosos en su garita. Aunque se trataba de un asunto urgente, Marcos, que era muy educado, esperó hasta que aquel señor de gorra roja y mostacho canoso acabó su pajichuela. Cuando salió de la habitación, nuestro protagonista le contó lo que estaba pasando, pero el conserje en vez de ayudar, se tiró por la ventana y abrió el paracaídas (porque todos los conserjes que trabajan en una segunda planta llevan paracaídas). Marcos contemplo como el hombre hacía un aterrizaje perfecto, pero cuando trataba de huir, no vio el escalón debido a su ojo vago, y se rompió el cuello con la caída. 
Mientras esto pasaba, la criatura que se asemejaba a un toro había seguido el rastro del muchacho hasta la segunda planta. Marcos escuchó un ruido a su espalda, se giró y vio a aquella horrible criatura, asustado dio un paso atrás, ya no había nada que hacer, ese sería su final. Aquel engendro hizo un ademán de envestir al muchacho, pero justo en ese momento, le picó una abeja, y murió en el acto (debía ser alérgico o algo). El muchacho aprovechó la situación para avisar al responsable del museo, un hombre de mediana edad con cara de aburrido, que no se extrañó de lo que le contaba Marcos, pues al parecer, el edificio estaba construido sobre un cementerio indio, y cada dos por tres, los fantasmas poseían los cuerpos y las figuras del museo y pasaban cosas raras, pero no era nada grave, porque tenían su propio cura que se encargaba de hacer los exorcismos, así que el asunto no suponía mas que un par de muertos y algo más de trabajo para el equipo de limpieza. 
Marcos se quedo boquiabierto por la normalidad con la que se lo tomaba todo, pero bueno, ya podía estar tranquilo porque todo se iba a solucionar, así que decidió ser práctico y le pidió trabajo como conserje de la segunda planta, ya que el puesto había quedado vacante.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

La curiosidad mató al gato

Cada día el príncipe Guillermo iba hasta una cascada que había al norte de la ciudad, desde allí veía a aquella chica rubia, Raquel, que se sentaba todos los días a la misma hora en el alféizar de la ventana a cepillarse su larga cabellera. Siempre pensaba en acercarse a saludar a la chica, pero era muy tímido, así que al final siempre se rajaba. Pero un día, ya muerto de curiosidad por saber como podía estar aquella muchacha ahí, si no había ninguna puerta para entrar a la torre, se acercó a hablar con la muchacha.
-Hola mi bella dama- exclamó el príncipe.
-¡Coño! Vaya sobresalto me habéis propinado, mi alteza- dijo Raquel.
-Disculpadme vos, si os habéis cagado en las calzas por mi falta de delicadeza, mas hay algo que es menester que conozca antes de que la peste o cualquier otro castigo divino me lleve ¿Como sois capaz de entrar en tan alta torre si no hay puerta alguna?- preguntó Guillermo.
- Oh mi querido príncipe, es fácil de entender, hago uso de un artilugio que me legó mi anciano padre en su lecho de muerte. El lo llamó jetpack, mas yo lo conozco como bolsa mágica voladora, permitidme que os haga una demostración de su funcionamiento.- explicó la muchacha mientras se ponía el jetpack y sobrevolaba la zona.
-Gran invento, si señor. ¿Sería posible que me dejárais probarlo, para subir con vos a vuestra alcoba?- imploró el príncipe
-No mi señor, pues aunque os tengo en alta estima, bien es sabido que sois muy torpe y capaces seríais de mataros, o lo que es peor, romperme el chisme. Mas si tan cachondote estáis, tranquilo, pues ahora dejaré caer mi larga melena para que trepéis la torre con su ayuda.- dijo ella dejando caer su cabello de oro.
El príncipe se agarró a el y empezó a trepar por la torre, pero estiró tanto, que el pelo de la muchacha se partió.
-¡Pardiez, mis extensiones!- exclamó la muchacha, que cogió el jetpack, bajó a donde estaba el príncipe y empezó a arañarle con sus uñas de porcelana mientras le gritaba- ¿Vos sabéis cuanto me cobró el chino por ponerme las extensiones?
Cuando se cansó, Raquel subió a su torre y le pidió a Guillermo que no volviese a acercarse por allí, cosa que cumplió a rajatabla, aunque no por voluntad propia, sinó por una infección que cogió debido a que la muchacha se había hecho la manicura en el almacén de una tienda de mascotas, y a saber lo que había en aquellas uñas.

martes, 5 de septiembre de 2017

Y voló

Querida tía Aurora,

Espero que todo vaya muy bien por el Caribe, aquí todo sigue igual, Carlos sigue con su plan de irse a estudiar a Londres, aunque no tiene ni idea de hablar inglés, pero dice que se comunicará mediante memes, Virginia sigue sin querer comerse los potitos y escupiéndonos cada vez que intentamos que lo haga, aunque desde que le devuelvo el escupitajo lo hace menos, y yo sigo sin sacarme el carnet de conducir, pero creo que la siguiente es la indicada, la última vez solo atropelle a dos viejecitas, el profesor me dijo que había mejorado bastante.
Te escribo porque ha sucedido algo horrible, tu gatito, el Capitán Pelusa, ha muerto. Me gustaría decirte que fue algo rápido e indoloro, pero la verdad es que no, el gato sufrió muchísimo, primero se golpeó con el cristal de la puerta que da a la terraza un par de veces (el gato sería todo lo adorable que tu quieras, pero muy listo tampoco era eh), luego, cuando consiguió salir, se subió a la cornisa, resbaló con la cagada, aún fresca, de una gaviota y se cayó, con tan mala suerte que fue a parar a los cables eléctricos, donde estuvo electrocutándose durante al menos treinta minutos, dejando un agradable olorcillo a pollo asado en el ambiente, hasta que acabó en el suelo, moribundo, pero aún vivo. Menos mal que apareció el chino aquel, que le estampó una piedra en la cabeza y se lo llevó a su restaurante. Tía siento esta terrible pérdida, la próxima vez cuidaremos mejor de tus mascotas, y sinó también tienes la opción de dejárselas a otro, que tampoco somos tus sirvientes. Bueno, dejo de escribir, que tengo que ir a limpiar la sangre del arcén, un beso.

Tu sobrino, Héctor, que te quiere

P.D.: Si te sirve de consuelo, el Capitán Pelusa estaba muy rico con salsa agridulce, al menos eso pone en Tripadvisor.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Cosas de la edad

Solo quedaban tres horas, cuarenta minutos y tres segundos para que el meteorito impactara contra la ciudad de Mericles, y solo había un ser capaz de impedir este acontecimiento, un niño de 8 años llamado Mike.
La población, ajena al inminente final, seguía con su rutina de todos los días, hasta que el meteorito tapó el sol y el cielo se oscureció de repente. Todo el mundo empezó a correr, la gente se empujaba para intentar llegar a un lugar seguro, sin sospechar que no existía lugar seguro. Los saqueos empezaron a los quince minutos, había gente que ya empezaba a sospechar que no iba a sobrevivir, así que se fue con su familia para despedirse o cometía delitos, ahora ya no importaba nada.
Solo quedaban cinco minutos para que el meteorito impactara contra la ciudad y no parecía que Mike fuese a hacer nada por evitarlo, y aunque hubiese hecho algo ya era tarde, pues la ciudad estaba en ruinas por los actos delictivos de la gente, causados por la desesperación. Mike sonreía, ese caos era para el como el oxígeno, se alimentaba del sufrimiento de las personas. 
El meteorito impactó contra la ciudad mientras Mike soltaba una carcajada. Ahora ya no quedaba nada de lo que antaño era Mericles.
-¡Mike deja ya de jugar que nos vamos!- gritó Mercedes, su madre, desde lejos, pero el niño se quedó ahí de pie, contemplando todo el caos, orgulloso de si mismo.
-Que te he dicho que nos vamos!- dijo la madre de Mike mientras se acercaba a donde se encontraba el chiquillo.
Cuando llegó, se quedo mirando todo el desastre que había formado el pequeño, había un montón de piezas de lego tiradas por el suelo, y a una esquina, se encontraba el dueño de la tienda de juguetes, inerte, sobre un charco de sangre, con un cuchillo clavado en el corazón. 
Mercedes se quedo boquiabierta por la precisión de la puñalada, esa técnica era la de un profesional, aunque Mike solo llevaba matando un par de años. Satisfecha lo cogió de la mano y fueron hasta la salida, pero allí se encontraron con la policía, que los esposó y se los llevó al calabozo.
El juicio no fue muy favorable para esta pequeña familia, las cámaras de seguridad habían grabado todo lo que había pasado, así que no había manera de librarse de la sentencia. Mercedes fue condenada a ir a la cárcel durante diez años y un día, en los que además debía recibir clases de maternidad, para que fuese una buena madre (las buenas madres no permiten matar a niños tan pequeños), mientras tanto Mike iría a un internado especializado en niños psicópatas para quitarle el mal hábito. Fue allí donde conoció a Lucy.

Hermano mayor 3000 (parte 1)

José, un señor de unos sesenta años, estaba sentado en el sillón del salón, recitando un poema de su libro preferido, mientras a través de l...